Muchas veces me pregunto cómo es que aún no he encontrado el amor. Mientras que la mayoría de mis amigas tienen pareja, yo sigo siendo la chica soltera del grupo por excelencia y tampoco es que haga mucho por remediarlo. No encuentro el amor y ni siquiera lo busco. ¿Dónde está mi problema? Pensando y pensando he llegado a la conclusión que no me enamoro porque, en realidad, ya estoy enamorada: de Nueva York. Cualquiera que medio me conozca sabe que hay cuatro palabras que me definen: courage, soñadora y Nueva York. Amo Nueva York. Me muero por pasear sus calles, por comprar en sus tiendas, por desayunar en Tiffany's, por ver la Estatua de la Libertad. Y mi amor por Nueva York es un amor verdadero, un amor de película, es un amor platónico. Amo Nueva York de todas las maneras: en otoño, invierno, primavera y verano, cuando todo esta cubierto de nieve y cuando el calor y la humedad no te dejan salir a la calle. Nueva York es mi primer y único amor. Si encuentro el amor estoy segura de que lo encontraré allí. Pero si por el contrario el destino se empeña en que lo encuentre en otro lugar tengo claro que iré con esa persona a la ciudad que nunca duerme. Le daré las gracias a Nueva York por haberme enseñado a amar, porque si no llega a ser por todo lo que he aprendido seguramente no estaría allí con esa persona.
Nueva York es es jungla en la que los sueños se hacen realidad. Nueva York es mi jungla de asfalto, cultura y lujo. Nueva York es mi futuro. Nueva York es...mi sueño.
